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Para muchas personas la riqueza se mide por la cantidad de objetos que pueda acumular, pero ¿es aplicable en todos los casos? ¿Incluso cuando las personas lo tienen a costa de una vida financiera desordenada, llena de deudas y preocupaciones que limitan sus proyectos futuros? Probablemente no, pues carecen de independencia financiera.

La independencia financiera es la capacidad de llevar unas finanzas sanas, que sirvan a nuestros objetivos de vida y que nos permitan tomar las decisiones que nosotros queramos respecto a nuestros proyectos personales, profesionales y de toda índole, sin que el dinero sea un obstáculo que impida realizarlos.

El camino para alcanzar la independencia financiera puede ser sumamente personal, pues depende de lo que para cada quién implique este margen de maniobra, aprovechando que septiembre es el mes de la Independencia en Consumo Inteligente les queremos dar una ruta sugerida de 7 pasos:

1. Plantearnos metas y prioridades

Lo que es importante para nuestro vecino o, posiblemente no lo sea para nosotros y viceversa. Para no desviarnos de nuestro camino, primero hay que tenerlo claro, así podremos enfocar nuestros recursos a nuestros verdaderos objetivos y alcanzarlos con mayor facilidad. Es importante que estas metas sean específicas, cuenten con monto y plazo de realización para lograrlos.

2. Ahorrar y comprender que el ahorro es en beneficios de nosotros y no un sacrificio en abstracto

Es común pensar en el ahorro como “privarse” de cosas, cuando en realidad implica guardar un poco de recursos hoy para nuestras metas y sueños futuros. Pagarse a uno mismo primero, antes de que nos tienten todos los gastos y gustos posibles que puedan llevarse nuestra quincena, es fundamental para poder lograr ahorrar.

3. Manejar el crédito de manera responsable

El crédito puede ser una buena herramienta para manejar nuestros gastos, pero debemos usarlo de manera responsable, analizando cuánto podemos pagar antes de contratar y no tomarlo como aumento de sueldo, pues de lo contrario podemos volverlo un problema. El consejo es que el total a pagar por nuestras deudas no supere el 30% de nuestros ingresos mensuales.

4. Invertir

Será más fácil llegar a nuestras metas si ponemos nuestros ahorros a trabajar, en lugar de que estén abajo del colchón. Es importante buscar opciones de riesgo acordes a los plazos de nuestras metas y nuestra experiencia como inversionistas, y comparar en dónde podemos obtener mejores rendimientos. En ocasiones es mejor empezar con algo simple y de poco riesgo, como pagarés o instrumentos de deuda gubernamental, y conforme entendamos más del tema, elegir opciones más complejas.

5. Protegernos contra eventualidades

No podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos buscar mecanismos que hagan que nos afecte lo menos posible financieramente hablando. Por un lado están los seguros, ya sea de vida, gastos médicos, auto, para nuestro negocio u hogar, pero para todo lo que no se puede asegurar o para los imprevistos pequeños, es recomendable tener un fondo de emergencia de entre 3 y 6 meses de nuestro salario.

6. Hacer una revisión periódica de nuestros avances, nuestras metas y nuestra situación financiera

En ocasiones empezamos el año con mucha motivación, haciendo presupuestos, cuidando nuestros gastos, buscando opciones de inversión, pero conforme pasan las semanas olvidamos estos nuevos hábitos. Es importante hacer cuentas y corroborar los avances cada mes o cada trimestre, para saber si estamos en la ruta correcta.

7. Celebrar nuestros logros

Mantener la disciplina y el enfoque es mucho más sencillo cuando identificamos metas intermedias y nos premiamos por lograrlas, puede ser con ese pequeño viaje para el que no hemos tenido tiempo y ni dinero para hacer, una vez que llegamos a la meta de ahorro, o incluso empezar a reunir el dinero para algo que siempre quisimos, pero parecía fuera de nuestras posibilidades. Ver de forma concreta lo que nuestras finanzas sanas pueden hacer por nuestra vida es una manera excelente de seguir en el camino de la prosperidad.

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