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Las empresas son conscientes de la importancia de contar con colaboradores cuyo perfil profesional tenga los conocimientos y habilidades necesarias para desarrollar las tareas acordes a su profesión. Lo cierto es que hoy en día las empresas están comenzando a valorar a aquellas personas que entreguen ese valor agregado que es tan difícil encontrar, pero no son exactamente esos conocimientos ni competencias que se describen en el currículum.

¿Cuál es ese valor agregado tan difícil de encontrar? Si bien los conocimientos y habilidades son fundamentales, éstos se pueden encontrar, sin grandes diferencias, en personas con una misma o similar formación profesional, sin embargo, lo que los hace diferentes unos de otros, es la actitud.

La actitud es la manera de estar dispuesto a comportarse de determinada forma frente a diversas situaciones. Actualmente, la “buena actitud” en el trabajo se está transformando en un valor intangible diferenciador, debido a su escasez.

Las altas demandas, las exigencias de los trabajos, las largas y extenuantes jornadas laborales, aumentan el cansancio, el estrés, y en definitiva, la mala actitud frente a las responsabilidades laborales.

Sin embargo, mantener una buena actitud, no tan sólo en el trabajo, sino que también en la vida en general, puede brindar más y mejores oportunidades, porque este tipo de personas resalta del resto. Un trabajador que tiene una actitud positiva y realiza su trabajo sin regañar o discutir, se destacará y será el primero en ser considerado en los proyectos especiales, en ascensos y/o en aumentos de sueldo. Por lo tanto, podríamos decir que una buena actitud puede llevar a un mayor éxito.

Los ambientes laborales tóxicos no deben ser excusas para mantener una mala actitud. Una persona que se desenvuelve de esta manera en la vida, no se contamina con el entorno, porque sabe que está en él elegir la forma en que responderá a las situaciones del día a día.

Pero, para lograr el éxito, se debe combinar tres grandes acciones: el conocimiento (necesario), más habilidades, más una buena actitud. Si debemos establecer cuál es la persona indicada para asumir nuevos desafíos o no, esto será concluyente. Si esta persona y sus compañeros tienen habilidades y experiencia idéntica o similar, la elección del empleador sobre qué colaborador debe dejar ir, se basará en definitiva en este valor agregado: la actitud.

“La buena actitud, va más allá de ser positivo, es una actitud proactiva y de solución frente a conflictos. Está relacionado con la eficiencia y la buena disposición, pero también con un alto compromiso con la empresa. Una persona con buena actitud, no tan sólo cumple con las responsabilidades a cargo, sino que propone ideas nuevas que puedan contribuir a la organización”, señala Margarita Chico, Directora General de Trabajando.com México.

La importancia de una buena actitud, es valorada por las empresas porque, además, contribuye a un ambiente positivo. Una mala actitud se contagia y contamina el ambiente y baja la productividad del equipo, una mala actitud es quejarse de todo y no solucionar. Una buena actitud, por el contrario, tiene un efecto positivo en las personas con las que se desenvuelve y por ende, permite que el lugar de trabajo sea más agradable.

Fuente: www.trabajando.com.mx