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El año pasado fue excelente para las ventas de libros de tapa dura, según leí recientemente. Después de varios años de disminución en ventas, éstas se recuperaron y más de 18 millones de libros físicos se vendieron en 2017.

Hay una tendencia similar en la industria de la música, donde a pesar del continuo crecimiento de los servicios de streaming las ventas de discos de vinilo representaron el 14% de todos los álbumes físicos comercializado el año pasado.

No es una tendencia que me sorprenda. Me encanta la tecnología, pero para algunas cosas los productos físicos superan a los digitales porque nos permiten formar una conexión emocional.

Apostaría a que los compradores de discos de vinilo también escuchan música en streaming, pero compran los álbumes que realmente les interesan. Del mismo modo, no me sorprendería ver a un lector de libros físicos usando un Kindle en las vacaciones de invierno, pero cuando se trata de una obra que les encante, seguramente quieren tener una copia en casa. 

Entiendo esa conexión emocional porque el mundo de las tarjetas de presentación nunca se ha ido. Ha habido numerosos intentos de reemplazar las tarjetas de presentación con herramientas digitales: desde códigos QR hasta tarjeteros virtuales para smartphones. Sin embargo, diariamente se imprimen 27 millones de tarjetas de presentación tradicionales.

Estos métodos de presentación se originaron en la China del siglo XV, donde se utilizaban para informar a los lugareños que un dignatario iba a visitarlos. En la Francia del siglo XVII, las clases altas las usaban para anunciar que iban a visitarse entre sí en días próximos. La mayoría de las casas nobles tenían una bandeja donde los visitantes podían dejar sus tarjetas.

A medida que avanzó la revolución industrial, los comerciantes los utilizaron como anuncios portátiles y, aunque su uso en situaciones sociales disminuyó, se convirtieron en una herramienta comercial esencial. Hoy en día, en Japón, las tarjetas de presentación todavía están sujetas a una etiqueta precisa que dicta cómo deben entregarse, recibirse y leerse.

Hoy en día, las personas siguen invirtiendo en sus tarjetas de presentación; incluso la más cara del mundo cuesta 1,500 por “cuadrito” de papel. Si bien la entrega de tarjetas puede no ser tan frecuente, por ejemplo, cuando todos los que están en una de juntas sala se conocen ya por correo electrónico, cuando se entrega una, debemos buscar que sea memorable. Esto se debe a que las tarjetas de presentación desempeñan un papel importante como recuerdo físico de una reunión.

Un contacto en tu teléfono puede provenir de un correo electrónico, un sitio de redes sociales o un mensaje de texto. Sin embargo, si tienes la tarjeta de presentación de alguien, es probable que la hayas conocido en persona y que la tarjeta te refresque la memoria.

A veces el logotipo o el color de la fuente hacen que una tarjeta se destaque. El display de los contactos en tu teléfono están diseñados según la aplicación que utilizas, en lugar de reflejar una personalidad verdadera.

La impresión que producen tus tarjetas puede ser más importante que la información que contienen. Después de todo, si solo se le das tu nombre y título de trabajo, la mayoría de las personas podría simplemente googlearte para seguir en contacto. Tu tarjeta debe proporcionar más que simple información, pero tampoco la sobrecargues. ¿Alguien necesita el número de fax de tu empresa? Puede que ni siquiera necesiten tu dirección postal.

Es tentador agregar cosas como redes sociales para que los nuevos contactos puedan seguirte por esos canales, pero considera si eso es apropiado. Si tu negocio es muy formal y tu cuenta de Twitter nunca está actualizada, entonces no la pongas. Por otro lado, si tu feed demuestra qué tan conectado estás con la industria, entonces, por supuesto, inclúyelo.

Los toques únicos en una tarjeta de negocios también hacen que la gente sea más memorable: a medida que la tecnología ha avanzado ha permitido a los consumidores individualizar sus tarjetas. Una con colores y diseños tiende a mantenerse 10 veces más en la cartera de un contacto que una tarjeta blanca estándar. Eso significa que si eres diseñador, por ejemplo, puedes mostrar tu trabajo.

Los negocios siempre necesitarán establecer relaciones que se basen en el contacto personal y las conexiones emocionales, y los objetos físicos reflejan eso mucho mejor que los digitales. Por eso que siempre habrá espacio para algunos libros y algunas tarjetas de presentación importante.

Fuente: entrepreneur  / Por: Richard Moross

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