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Poco antes del amanecer, en una pequeña isla en los alrededores de Belém, tres mil papagayos despiertan con sus gritos estridentes y sobrevuelan los altos árboles amazónicos antes de regresar a sus nidos. El vuelo de la parvada marca el inicio de un largo día para las aves, que abandonan sus nidos en busca de alimento ante los ojos curiosos de los turistas. Para los visitantes que contemplan este panorama desde los barcos fondeados cerca de la isla, es el primer  espectáculo de un día en la ciudad.

 

No muy lejos de la isla de los papagayos, a la orilla del río Guamá, otro ruido comienza a llamar la atención. Decenas de barcos cargados de pescado, açaí, bacuri, cupuaçu y otras frutas típicas de la tierra abastecen de colores el Ver-o-Peso, sin duda alguna el mercado al aire libre más grande de toda América Latina. Casi dos mil tiendas se ponen en movimiento y numerosas personas se disputan un asiento para saborear su açaí, fruto energético típico de la Amazonia que, con su intenso color violeta, está presente en el desayuno diario de la población de Belém do Pará, ya sea solo, en jugo o como acompañamiento de platillos de pescado o carne. Junto, el comercio informal de hierbas medicinales, condimentos y los legendarios remedios naturales para todo tipo de enfermedades, crean la imagen pintoresca y el folclore del lugar.

Sin embargo, Ver-o-Peso, eterno símbolo de la capital del estado de Pará, no es hoy su única estrella. En una especie de renacimiento cultural, Belém también brilla con sus museos, iglesias y pequeños palacios restaurados recientemente. Las calles sombreadas, los enormes parques llenos de verdor, los restaurantes y los bares que destilan encanto completan la atmósfera de esta metrópoli que parece revivir cada día.

AIRES DE RENOVACIÓN

En la ribera del río se encuentra el mejor ejemplo de este renacimiento: en la otrora deteriorada área de puerto se erigió la moderna Estação das Docas, un enorme complejo dedicado a la cultura y el entretenimiento. En una estructura de hierro que data del siglo XIX, restaurantes con terrazas sirven comida típica. Al lado se levantan cines, tiendas de artesanía, galerías de arte, una heladería y la cervecería Amazon Beer, cuya estrella principal es la cerveza de bacuri, fruta de la región amazónica que da ala bebida un sabor dulce.

Del muelle zarpan los barcos que viajan por el río Guamá para ver la puesta de sol, aderezada con presentaciones de carimbó, una danza sensual y divertida originaria de Marajó, la isla fluvial más grande del mundo. En un paraje próximo al río, un anfiteatro al aire libre recibe a payasos, imitadores y en ocasiones a orquestas de música clásica.

Los artistas populares representan una festiva leyenda en torno a un buey, tal vez la manifestación folclórica más típica de este lugar. No lejos de ahí, museos, una iglesia todavía en proceso restauración y una inmensa plaza revitalizan un conjunto de edificios de los siglos XVII y XVIII, así como el antiguo fuerte de 1616, que marca el nacimiento de la ciudad. La atracción principal del proyecto conocido como Feliz Lusitânia es el museo de arte sacro, uno de los más importantes del país en piezas religiosas y litúrgicas.

En la construcción contigua, el Museo del Cirio Antiguas estructuras del puerto de Belém fueron restauradas y ahora albergan la Estação das Docas, un complejo de bares, restaurantes y tiendas de artesanías.

En las calles de Marajó, nadie se queda parado. En cualquier lugar se escucha música y se ve gente bailando carimbó, brega y otros ritmos locales. En playas y selva, el paisaje amazónico invita a realizar largas caminatas. Muy temprano por la mañana, gracias a la marea, las embarcaciones pueden incursionar por algunos brazos del río, que por la tarde se transforman en senderos para los peatones. A lo largo del año, el paisaje cambia drásticamente: las verdes canchas de futbol de la primavera se convierten en pantanos durante el invierno.

La Playa del Pesqueiro, a diez kilómetros de Soure, el pueblo más importante, es la favorita de los isleños por la temperatura tibia del agua y las olas, dignas del mar abierto. Además del río, los artesanos de la cerámica marajoara y de productos de cuero de búfalo

seducen a los visitantes.

A partir de Soure, un trayecto en balsa sobre el río Paracauari conduce hasta un poblado llamado Salvaterra, donde se encuentran otras dos hermosas playas: Praia Grande y Água Boa. No lejos de ese lugar, la pequeña Joanes abriga las ruinas de una misión creada por los jesuitas en el siglo XVII, uno de los pocos sitios históricos que hay en la isla. Sin embargo, la mayor belleza de Marajó está fuera de sus áreas urbanizadas, en las múltiples rutas de los ríos y brazos de mar que llegan hasta algunos manglares y partes de la selva que no han sido tocadas por el hombre.

Otra gran atracción son los 600 mil búfalos que están por todos lados: en los restaurantes, su carne se sirve con el sabroso queso marajoara, blanco y suave; en las calles, los animales tiran las carretas donde se transporta la gente; en las haciendas son montados por los turistas… Marajó está lleno de sorpresas.

Dónde hospedarse

• CROWNE PLAZA BELÉM

www.crownebelem.com.br

• POUSADA DOS GUARÁS

www.pousadadosguaras.com.br

Restaurantes

• DOM GIUSEPPE

www.domgiuseppe.com.br

• RESTAURANTE LÁ EM CASA

www.laemcasa.com

• REMANSO DO PEIXE

Travessa Barão do Triunfo, 2590, casa 64, Marco, Belém

FUENTE: Revista Platino