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Mujeres de todo el mundo se están planteando, en este momento, si desean ser madres o no. Como sociedad nos cuesta trabajo concebir a una mujer sin su rol de mamá. Sin embargo, la realidad apunta a que es una tendencia en aumento. ¿Qué opinamos al respecto?

En todo el mundo hay cada vez más mujeres que están eligiendo no ejercer la maternidad, y esto no se debe a que ellas o sus parejas tengan problemas de fertilidad sino que, luego de darle cientos de vueltas al asunto, han concluido que su vida será mejor si se abstienen de tener hijos. Claro que ésta no ha sido una decisión fácil, pues la identidad femenina sigue estando fuertemente ligada al papel de ser madres y quienes se niegan a cumplirlo se vuelven blanco de críticas.

A pesar de esto, el número de mujeres que han optado por no ser madres ha seguido creciendo, especialmente en los países desarrollados. De acuerdo con Hiroko Asakura, investigadora que estudió a un grupo de mujeres mexicanas sin hijos, éstas pertenecen generalmente a la clase media, han tenido la oportunidad de acceder a estudios universitarios y son profesionistas que dedican la mayor parte de su tiempo al trabajo.

Entre ellas, el gusto por los niños varía mucho, hay quienes disfrutan estar cerca de los hijos de sus amigas, hermanas o conocidas, y quienes prefieren mantener el menor contacto posible con los niños. Pero lo que sí tienen en común es que sus intereses y energías vitales no han apuntado hacia el camino de la maternidad, o si lo han hecho, eso ha sucedido pocas veces y sin éxito.

“Nunca, de verdad, me he visto a mí misma como madre. No sé, ha pasado el tiempo, yo nunca quise embarazarme y tampoco me ocurrió, así que para mí es ya una situación asumida. No me miro a mí misma como madre y tampoco me siento incompleta o que me falte algo”, comenta Miranda*, una psicóloga de 41 años.

"No me miro a mí misma como madre y tampoco me siento incompleta o que me falte algo”. Miranda, 41 años. Psicóloga

La maternidad: entre la biología y la cultura

Hoy no nos sorprende que las mujeres se dediquen a otras tareas fuera de la casa y el cuidado de sus hijos, pero hasta hace poco las labores femeninas estaban determinadas por su papel reproductivo, pues al ser las únicas con la capacidad biológica de embarazarse y dar a luz, les correspondieron las labores de crianza y educación de los hijos. Esto cambió a partir de la llegada de los anticonceptivos, que abrieron la oportunidad de decidir cuándo y cuántos hijos tener.

Pero como explica la psicóloga Maxine Zambrano, de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG), la cultura también ha jugado un papel “al no reconocerle a la mujer la posibilidad de desarrollarse profesionalmente, o reconocer incluso que es inteligente y que puede hacerse cargo de otras cosas además de su esposo y sus hijos, pero esto ha estado marcado desde lo biológico, que definió los roles sociales de hombres y mujeres”.

Por su parte, la psicóloga norteamericana Mardy Ireland en su libro Reconceiving Women. Separating Motherhood from Female Identity (Reconcibiendo a las mujeres. Separando la maternidad de la identidad femenina) sostiene que aunque la maternidad sigue siendo la piedra angular de la identidad femenina, en la medida en que las mujeres sin hijos se vuelven más visibles, ellas comienzan a abrir la posibilidad de pensar a las mujeres como seres independientes del rol materno.

Una decisión llena de ambigüedades

Si hubiera que elegir una palabra para definir la decisión de no ser madres, esa sería “ambigüedad”, pues prácticamente todas las mujeres que lo han hecho pasan por distintos momentos en que deben confirmarse a sí mismas en esa decisión. En el caso de Victoria*, profesora universitaria de 50 años, la decisión de no tener hijos no se dio de un solo golpe, sino que pasó por “un montón de momentos críticos que requerían un sí o un no.

Tal vez el punto más crítico ocurrió unos meses antes de cumplir 30 años. Tenía tantas ganas de convertirme en madre, que soñaba con bebés todas las noches. Si mi pareja de aquella época hubiera dicho ‘órale’, ahora tendría una criatura de 19 años”. En cambio Lucero** de 44 años, pedagoga, dice que lo de tener hijos “durante un tiempo fue un sí y un no, a lo mejor. Finalmente me detuve porque nada más pensaba en los hijos cuando estaba aburrida”.

Y aunque la decisión de no tener hijos resulta complicada, lo que suele estar detrás de ella es un modelo de mujer que muchas se niegan a seguir. A este respecto, la psicóloga Zambrano comenta que algunas de estas mujeres han crecido en familias donde la madre está “completamente sometida al marido, que toda su vida ha sido trapear y lavar, donde ella se devalúa, entonces ahora ellas tienen la posibilidad de salir a trabajar y tener un desarrollo, pero hay un conflicto que viven como amenaza, y es posible que algunas puedan estar huyendo de una situación que es real, porque equiparan simbólicamente la maternidad con el rol sometido de la madre”.

Ireland coincide con Zambrano a este respecto, al señalar que las mujeres sin hijos “no quieren estar atrapadas en un rol asignado culturalmente que las excluirá de otras actividades o relaciones”. Esto parece confirmarse en la historia de Raquel**, psicóloga de 42 años, quien dice que su madre: “Nunca ha decidido por ella misma, siempre le tienes que ayudar para que tome su decisión porque le cuesta mucho trabajo decir: quiero esto, o no lo quiero”.

Pero hay que tener cuidado, pues no todas las mujeres sin hijos han tenido madres tradicionales o sometidas. Algunas incluso crecieron con madres muy fuertes, como Sonia*, periodista de 36 años, cuya mamá crió sola a sus cinco hijos, lo que la llevó a ver la maternidad como una carga muy pesada: “Para mí la maternidad siempre ha sido una tarea imposible, costosa y desgastante, cuyas retribuciones son hermosas, como lo es la sonrisa y el amor de los niños, pero eso no significa que las desee a toda costa”.

Las personas me decían: ¿para cuándo los niños? Se decepcionaban un poco y trataban de convencerme, porque no conciben que una mujer decida no tener hijos, se les hace como ¡qué caray, qué lástima, desperdiciaste tu vida!”. Noemí, 41 años. Abogada

Frente a las críticas

Con mucha frecuencia las mujeres sin hijos reciben comentarios y opiniones de otras personas en los que dejan revelan abiertamente su desacuerdo con la decisión que han tomado. Por ejemplo, Victoria* dice: “La gente de mi familia siempre lo vio como ‘otra de mis locuras’. Mi madre se enfurecía conmigo cada vez que se tocaba el tema y me advirtió en todos los tonos que me iba a arrepentir toda la vida, que me iba a quedar sola en la vejez, en fin, que estaba cometiendo una imprudencia bárbara. Muchas de mis amigas y amigos también opinaron que era un error”.

También Noemí**, de 41 años, abogada, ha experimentado en carne propia cierta molestia en la gente cuando saben que no quiere tener hijos: “Las personas me decían: ¿para cuándo los niños? Se decepcionaban un poco y trataban de convencerme, porque no conciben que una mujer decida no tener hijos, se les hace como ¡qué caray, qué lástima, desperdiciaste tu vida!”.

Pero las críticas no se dan sólo en México, pues Ireland ha encontrado que la sociedad norteamericana tampoco está preparada para aceptar que las mujeres no quieran tener hijos. Luego de haber entrevistado a más de 100 mujeres no-madres esta psicóloga concluye que por lo general ellas cuentan con un espíritu transformador y tienen características de asertividad, liderazgo y confianza en sí mismas que les permiten desviar las críticas que reciben respecto de su estilo de vida.

Sin modelos a seguir

Una de los grandes retos que enfrentan quienes optan por no ser madres es la falta de modelos que les digan qué esperar de la forma de vida que han elegido. Como decía una mujer entrevistada por Ireland: “El rumbo de la madre es más fácil porque es más conocido, aunque debes ser receptiva y abierta a la particularidad de cada niño, mientras que las no-madres deben encontrar su camino de forma más indirecta, por ensayo y error, y sólo con la guía de su inconsciente”.

Natalidad en descenso

En varios países se ha incrementado el número de mujeres que deciden no tener hijos.

* En Estados Unidos, el porcentaje de mujeres entre 15 y 44 años de edad que no tienen hijos aumentó en 10% entre 1990 y 2002.

* En Nueva Zelanda y Australia el porcentaje de mujeres entre 40 y 44 años sin hijos era de 9% en 1981 y en 2006 subió a 15% y 16% respectivamente.

* De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo) la tasa de fecundidad en México ha descendido constantemente. En 1987 el promedio de hijos por mujer era de 3.8, pero en 2007 era ya de 2.1.

Un aspecto de las que deciden no ser madres, es que suelen organizar su vida alrededor del trabajo y, de acuerdo con Asakura éste “es el principal factor para tomar la decisión de no ejercer la maternidad. La dedicación al trabajo y la satisfacción que obtienen por su trabajo les han hecho posponer otro proyecto de vida como la maternidad y finalmente optan por no ejercerla”.

Pero además de las satisfacciones laborales, las mujeres sin hijos ven la necesidad de crear lazos afectivos fuertes con otras personas fuera de su familia o pareja, ya que ellas no cuentan con las relaciones que se forman casi naturalmente cuando haces una familia. “Para las mujeres que no son madres, una red de amigas puede ser especialmente útil para establecer y mantener un sentido positivo de su identidad femenina en una sociedad que provee muy pocas reflexiones positivas acerca de su estilo de vida”, afirma Ireland.

Y a pesar de las fuertes críticas de la gente y la falta de modelos a seguir, las mujeres sin hijos llevan vidas plenas y satisfactorias, pues pueden dedicar todo el tiempo que quieran a su trabajo –que suele apasionarlas– y a sus relaciones afectivas. Es así como Ana**, trabajadora social de 44 años, dice estar contenta con su estilo de vida: “Creo que soy una mujer afortunada porque he podido hacer todo lo que he querido, tengo la vida que he decidido y asumo las consecuencias buenas o malas de esto.

En una sociedad en la que muchas mujeres siguen luchando por poder decidir qué hacer y qué no en su vida, estos testimonios resultan muy alentadores e independientemente de si el deseo materno surge o no, lo importante es que todas las mujeres tengan la oportunidad de desarrollarse como mejor les parezca, sin que su proyecto de vida esté dictado por la tradición o las convenciones sociales.

 Los testimonios que aparecen con asterisco fueron publicados en Debate feminista, vol. 29.

** Los testimonios con este símbolo fueron tomados de la tesis de Hiroko Asakura. Hacia la transformación de la identidad: el significado de la maternidad en la identidad femenina, México, FLACSO.

Usted encontrará éste artículo en:
http://mujer.mundoejecutivo.com.mx/articulos.php?id_sec=21&id_art=801 / Rosario Taracena ( )

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