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Está demostrado que las organizaciones pueden ser más innovadoras, creativas y exitosas cuando cuentan con políticas robustas de diversidad, equidad e inclusión. Los estudios, investigaciones y datos no mienten y respaldan esta premisa. Sin embargo, todavía vivimos en un mundo de contraste que rechaza este progreso. 

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la crisis generada por la pandemia por COVID-19, ha impactado de manera negativa la ocupación y condiciones laborales de las mujeres en la región; lo que ha generado un retroceso de más de una década en los avances logrados en materia de participación laboral. Por otro lado, y según el informe Approaching the Future 2020: Tendencias en Reputación, la implantación de planes de igualdad en las empresas, se ha visto reducido en un 25% respecto al 2019, en tanto que las políticas de conciliación de igualdad han disminuido en un 12 por ciento.

En contraposición con lo anterior, y según mi experiencia, las culturas diversas e inclusivas brindan una ventaja competitiva a las empresas sobre sus pares. Distintas investigaciones internacionales, también respaldan este hecho, lo cual se ha visto impulsa la innovación, fomenta la creatividad y orienta de una mejor manera las estrategias empresariales.

Ante este panorama sombrío, no debemos cambiar la dirección trazada en la estrategia. El mundo ha cambiado por cuestiones impredecibles, pero esto no es justificación que para que los esfuerzos se disuelvan. La equidad e igualdad laboral se han posicionado no solo como una necesidad para las compañías desde el punto de vista estratégico, sino en un elemento mandatorio para lograr claridad, estabilidad y visión en momentos difíciles.

Las compañías cada vez tienen un peso más importante a nivel social, y ya no son vistas solo como organizaciones generadoras de dividendos, sino que ahora protagonizan un papel preponderante con sus comunidades, clientes, colaboradores y demás grupos de interés. Las acciones que toman tienen consecuencias -negativas y positivas - y, en ese sentido, su ejemplo puede contribuir en crear cambios sociales, medio ambientales y/o de diversidad e inclusión. 

En un mundo hiperconectado y transparente, los consumidores esperan que sus marcas estén alineadas con sus creencias y con el progreso social en marcha. Como sector privado, debemos generar y crear discusiones, cambios y benchmarks de cultura laboral, que contribuyan a generar un ámbito corporativo más equitativo que trascienda, y tenga un efecto multiplicador en las sociedades donde se tiene presencia.

Desde mi experiencia, estoy convencido que nuestros equipos son mejores cuando se componen de personas diferentes, con objetivos compartidos y con distintas perspectivas. Por tal motivo, considero que pertenecer a un lugar de trabajo donde se valora a las personas por aquello que los hace únicos, permite crear una comunidad empoderada y comprometida. 

Cuando se logran este tipo de acuerdos, no tengo duda que los colaboradores se sienten lo suficientemente cómodos como para salir de su zona de confort y expresar sus opiniones libremente, puntos de vista y percepciones para enfrentar cualquier tipo de desafío. Las empresas diversas son agentes de cambio social y ellas mismas se benefician con mejores resultados.

Fuente: entrepreneur.com / Por: José Varela

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