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En las relaciones comerciales del mundo digital existe un reto a superar: la desconfianza al hacer tratos con empresas y particulares a quienes no se les conoce y que están separados no solo por la distancia, también por códigos culturales y económicos que hacen difícil llegar a un entendimiento de modo natural.

Superar esta barrera ya no depende de un acto de fe a ciegas. En el mundo existen mecanismos de negociación que pueden validar y dar certeza a los tratos que se toman a distancia: los contratos inteligentes.

Los smart contracts o contratos digitales son programas informáticos que facilitan, verifican y hacen cumplir la negociación sin necesidad de tener una cláusula contractual tradicional. Ejecutan autónoma y automáticamente los términos de un contrato a través de un software, lo que permite hacer cumplir las promesas contractuales.

El programa puede definir reglas y consecuencias estrictas del mismo modo que lo haría un documento legal convencional, pero también puede tomar información como input, procesarla según las reglas establecidas en el contrato, y adoptar cualquier medida que se requiera como resultado de ello.

Esta modalidad de contratación puede ser aplicada en áreas sociales, comerciales y financieras, con fines tan sencillos como votar por una publicación en un foro, hasta regular acciones de mayor complejidad como las garantías de préstamos y contratos de futuros, y en actos como la fijación de prioridades de pago en una nota estructurada.

Los contratos digitales son válidos para custodiar activos y garantizan la neutralidad, por lo que también pueden registrar otras transacciones de forma fiable: bonos, acciones, registro y transferencia de propiedades y cualquier tipo de derecho u obligación, incluso transacciones totales o parciales con títulos, lo que ha impulsado al sector financiero y bancario a explorar de forma temprana las posibilidades de negocio que ofrece esta nueva tecnología.

Los contratos digitales normalmente se ejecutan en un blockchain (“Cadena de bloques”: bloques de información que se replican entre muchos equipos para garantizar que nadie los modifique) y representan promesas unilaterales de proporcionar una tarea informática determinada. Operan de manera descentralizada y ello da certidumbre en el proceso y pueden ejecutarse y hacerse cumplir de manera autónoma y automática.

Los argumentos de venta de estos contratos serían su calidad, el grado de personalización que ofrecen y su facilidad de uso. A largo plazo, podríamos ver el surgimiento de mercados organizados de “smart contracts” que, a su vez, se gestionarían totalmente mediante “smart contracts”, cerrando así el círculo.

Los “smart contracts” plantean un reto importante para las autoridades reguladoras, pues permiten la creación de versiones automatizadas descentralizadas de servicios entre particulares, como Uber o Airbnb, que conectan a las personas y manejan los pagos sin necesidad de una empresa intermediaria.

Fuente: www.mundoejecutivo.com.mx / Por: ALFREDO REYES KRAFFT-Socio director y fundador de Lex Informática y vicepresidente de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI).

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