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Sylvester Stallone es un referente obligado del mundo del entretenimiento y su presencia está tan encallada en el imaginario colectivo, que prácticamente nadie con bagaje pop, por más elemental que este sea, podría no reconocer a Rocky Balboa o a John Rambo, aun cuando no haya visto ni una entrada de las respectivas sagas.

Stallone es sinónimo de éxito y, contrario a otros íconos del cine de acción que también se ubican en la tercera edad, ha logrado mantenerse positivamente en la conversación y sigue compitiendo por galardones en temporadas de premiaciones.

El hombre supera los 70 años de edad y parece que en su horizonte no está la idea de detenerse un solo momento.

Con más de 40 años como ícono pop, es difícil imaginar una realidad sin Sylvester Stallone y por ello llama la atención observar que en su trayectoria no siempre figuró el éxito, y que este le llegó después de una serie de desalientos, frustraciones y situaciones de precariedad absoluta.

Dicho de otro modo, Stallone es un caso al que debe prestarse atención para tomar nota y aprender sobre el difícil camino del emprendimiento. Veámoslo por partes:

1. La inquietud es fundamental

Hijo de un estilista y de una promotora de lucha libre femenil, Stallone mostró interés por la actuación y el entretenimiento desde edad temprana.

La inquietud lo llevó a la determinación y fue así que se embarcó a la aventura con la idea de hacerse de un nombre en Hollywood, aún si ello significaba aceptar papeles pequeños en películas que nadie vería.

2. El peor escenario se hace realidad

Esos papeles pequeños sí llegaron, pero, traducidos en liquidez monetaria, resultaron insuficientes para sobrevivir.

La necesidad lo llevó a aceptar el papel principal en una película de porno soft, The Party at Kitty and Stud's (1970), por el que le pagaron 200 dólares por dos días de trabajo.

Acerca de este episodio de su vida, Sly ha dicho que aceptó el papel por la desesperación, luego de haber sido desalojado de su departamento y de haber quedado en calidad de indigente durante días.

Durmió tres semanas en una estación de autobuses, hasta que se encontró con la convocatoria para The Party at Kitty and Stud's. “Era hacer esa película o robar, porque yo ya estaba en el final, en el mero final de mi cuerda”, dijo en una entrevista de 1978.

Como dato curioso, la película fue renombrada Italian Stallion (El semental italiano), luego del éxito de la original Rocky, y se convirtió en un objeto preciado entre coleccionistas.

3. El momento de hacer sacrificios

Ya corría el año 1971. Claramente los 200 dólares que recibió por su involucramiento en el soft porn duraron nada. Stallone tenía hambre, estaba delgado y vivía entre cucarachas en una pocilga en compañía de su perro Butkus.

El peludo fue fundamental en la historia de Sly, pues a él le atribuye la creación del guion de Rocky.

En una conmovedora imagen que compartió en Instagram en 2017, Stallone escribió:

“Estos somos yo y Butkus cuando era un cachorro. Los dos estábamos delgados, hambrientos y vivíamos en una departamento de mala muerte infestado de cucarachas, arriba de una estación del metro. No había mucho que hacer, excepto pasar tiempo entre los dos, y fue ahí que aprendí el arte de escribir guiones. Como yo nunca salía, dependía mucho de su compañía, y de hecho fue su idea escribir Rocky (pero no le digan a nadie).”

Era tanta la precariedad, que Stallone se vio en la necesidad de vender a su peludo, tal como lo reveló en la misma foto.

“Años después, cuando las cosas se pusieron peor, lo tuve que vender por 40 dólares enfrente de un 7-Eleven, porque no podía comprar comida.”

4. La consolidación de un proyecto

1975. Stallone seguía con la idea de escribir Rocky, y encontró la inspiración definitiva en el duelo de box entre Muhammad Ali y Chuck Wepner.

Quedó impresionado por la manera en que Wepner, con el rostro lleno de golpes y cortadas y con la nariz rota, aguantó 15 rounds (casi) completos contra el mejor boxeador del mundo. Lo vio como una metáfora de la vida, llegó motivado a su casa y terminó el libreto en solo tres días.

El próximo paso era venderlo, pero su condición fue la clave: él tenía que protagonizar la película.

Recibió ofertas de hasta 360 mil dólares por el guion, pero en todas le dijeron que no podría interpretar a Rocky, porque era el tipo de papel que solo alguien consolidado en Hollywood podía llevar a cabo.

Stallone se mantuvo firme y eventualmente aceptaron sus condiciones, a cambio de un presupuesto de solo un millón de dólares, cantidad paupérrima incluso en los 70. Los productores vieron en Rocky un fulminante éxito en potencia... y estaban en lo correcto.

5. El éxito

Rocky estrenó en 1976, se convirtió en la película más taquillera de ese año con una recaudación mundial de 225 millones de dólares, y se llevó los Premios Oscar a Mejor edición, Mejor director y Mejor película (le ganó a Taxi Driver). Stallone fue nominado a Mejor actor y Mejor guion original.

Sly encontró el éxito y en las décadas siguientes se dedicó a consolidar su nombre como sinónimo de cine de acción.

La historia de Stallone es una de las mejores que hay allá afuera para encontrar inspiración, seas emprendedor o simplemente alguien que necesita un referente de perseverancia.

Y si leíste hasta acá y continúas preguntándote qué pasó con el perro Butkus, calma. Sly eventualmente lo recuperó.

“Como un milagro moderno, vendí el guion de Rocky y pude comprar de vuelta (a Butkus), aunque el nuevo dueño sabía que estaba desesperado por recuperarlo y me cobró 15 mil dólares… ¡pero valió la pena cada centavo!”, remata la anécdota en Instagram.

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